lunes, 10 de diciembre de 2012

Ten cuidado con lo que deseas


Midas era un rey que capturó a Sileno, una divinidad menor, un viejo sátiro al que le gustaba el vino pero que era poseedor de una profunda sabiduría y educó a Dioniso en su juventud.

"Sileno borracho" Rubens
Sileno vivía libre en un maravilloso jardín al pie del monte Bermio (Macedonia). Midas rellenó con vino la fuente de la que solía beber el viejo Sileno, y así, al caer éste embriagado, pudo hacerlo prisionero. Esta es una versión, en otra, los pastores del rey Midas sorprendieron al viejo genio mientras dormía en uno de los jardines reales, así que lo ataron y lo condujeron ante el rey. Una vez en presencia de Midas, las cuerdas que ataban a Sileno se soltaron como por encanto que sin mostrarse enojado enseñó al monarca los misterios de la naturaleza y del pasado.
Después de un tiempo, Midas llevó a Sileno ante Dioniso, quien, encantado de haber recuperado a su viejo tutor y en agradecimiento por lo bien que le habían tratado, decidió conceder a Midas un deseo.
Midas le pidió: “Que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro”. La demanda fue satisfecha, y el rey pudo comprobar la efectividad de su nueva facultad tocando toda clase de objetos que se convertían en oro: una rama de encina, una piedra, un terrón  del suelo, varias espigas de cereal, las piezas de una puerta, una fruta, el agua que se deslizaba entre sus manos.
Midas estaba muy contento con su nuevo don, pero cuando se dispuso a comer vio como todos los alimentos se convertían en oro al menor roce de sus dientes. Tampoco podía beber, ya que los líquidos escapaban de su boca como metal fundido. Muerto de hambre y de sed, le rogó a Dioniso que suprimiera aquel regalo pernicioso.


Dioniso accedió y restableció a Midas a su condición original, ya que éste demostró arrepentimiento. Pero Midas debería llevar a cabo un ritual de purificación, bañándose en el nacimiento del río Pactolo (Lidia). A partir de ese día la corriente del río empezó a arrastrar pepitas de oro.

Esta es la leyenda que cuenta Ovidio en “Las Metamorfósis”, sin embargo Midas fue un personaje real que se corresponde con uno de los primitivos monarcas de Frigia. Gobernó durante el último tercio de  siglo VIII a.C. y comienzos del VII a.C., etapa en la que los frigios (o brigios), alcanzaron su máximo esplendor, en una extensa zona de Asia Menor (actual Turquía).

En la localidad anatólica de Yazilikaya se alza esta fachada monumental llamada «tumba de Midas», 
del siglo VII a.C. En realidad, se trata de un templo dedicado a Cibeles.

El mito anterior está basado en la idea de aquella época de que los reyes frigios poseían enormes riquezas, pues tanto en Macedonia y Tracia, de donde procedían los frigios, como en las regiones de Asia Menor ocupadas por su estirpe hubo montes de los que era posible extraer oro, y corrientes fluviales que transportaban oro.



4 comentarios:

Manderly dijo...

La leuyenda es mucho más ingeniosa que la realidad y por eso tanto nos gustan.
He leído 'Lo qu esé de los hombrecillos' de Juan José Millás que trata sobre esos deseos que se convierten en realidad y sus consecuencias. ¿Lo has leído?
Saludos.

Moniruki dijo...

Pues no lo he leído, Manderly, pero en cuanto leí tu comentario fui a la biblio y ya lo tengo jajajaj. En cuanto acabe el que acabo de empezar me pongo con el. Gracias por la recomendación

Aris dijo...

El Rey midas, que gran leyenda. Me gusta el concepto de que se vuelven oro los alimentos y no se los puede comer...

Roy Bean dijo...

Felices fiestas Moni, nos vemos el año que viene.
Beso.
Roy