lunes, 7 de enero de 2013

Si dejo de escandalizar, dejo de existir

La definición del arte que da el diccionario de la Real Academia Española es: "el arte es la manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginada con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”.
La historia nos ha dado diferentes definiciones de "arte" como la de Tomas de Aquino "el arte es el recto ordenamiento de la razón", o la de Tápies: " El arte es la filosofía que refleja un pensamiento". Marcel Duchamp decía que "el arte es la idea", el pintor de origen ruso, Chagall sostenía que "el arte es sobre todo un estado del alma."

Hay muchas más pero, como decía Tolstoi, todas estas definiciones no son sino simples tentativas para justificar el arte existente. Y es que el arte es algo muy difícil de definir porque entra en juego la subjetividad y ahí la hemos liado.

A mí, personalmente, me gustó mucho lo que dijo el escritor Paul Auster al recibir el Premio Príncipe de Asturias 2006: "..., el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. "

Pero para mí, el arte también debe impactarnos, da igual recordarlo porque nos gustó muchísimo o porque no nos gustó nada, el caso es que lo recordemos. Cómo decía Dalí “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.
Un cuadro que encaja a la perfección con mi idea de "arte" es "L´origine du monde" ("El origen del mundo"), pintado por Gustave Courbet en 1866.

La posición de las piernas, la ausencia de rostro (rasgo que la dota de mayor misterio y, a la vez, universalidad), la rotundidad de las formas, la inevitabilidad del primer plano y, desde luego, ese oscuro y espeso triángulo que castiga cualquier intento de negar lo que se está contemplando..


Toda su obra fue bastante polémica por los temas elegidos, que se consideraban vulgares por retratar la vida cotidiana y porque se negaba a reconocer la belleza arquetípica. Suya es la frase "si dejo de escandalizar, dejo de existir".

Autorretrato de Courbet

Este cuadro pintado por Courbet se llama "La bella Irlandesa" y es un retrato
 de Joanna Hifferman, que seguramente fue la modelo de "El origen del mundo"
Tras más de un siglo de vida vergonzante, L'origine du monde goza por fin del puesto que merece. Pero incluso bien avanzado el siglo XX seguía resultando amenazante.
Los comisarios de una gran exposición retrospectiva de Courbet realizada en París en 1977 no se atrevieron a exponerlo, a pesar de estar disponible. Sí se incluyó, en cambio, en otra similar celebrada en Nueva York en 1988. Y cuando empezó a mostrarse en el Museo de Orsay se colocó inicialmente una vigilancia especial en la sala, por temor a las reacciones del público. Todavía hoy causa asombro e incredulidad a los no iniciados.De todos modos, la historia del cuadro es bastante jugosa, intentaré resumirla lo más posible:

Desde que Courbet lo pintó, hasta principios del siglo XX, el cuadro solo pudo ser contemplado por unos pocos "iniciados". Fue encargado por el diplomático egipcio Khalil Bey. Este hombre tenía el cuadro cubierto con una cortina, que solo descorría delante de selectísimos invitados. Su siguiente propietario, el marchante Antonie De La Narde, lo cubrió con otro cuadro del porpio Courbet, un paisaje nevado. El último propietario particular que lo poseyó fue Lacan, el psicoanalista, que por cierto, estaba casado con la actriz Sylvia Bataille (ex de George Bataille, y, por lo tanto, gustosa de emociones fuertes). Lacan ingenió un doble fondo en el marco, por el cual el cuadro de Courbet se hallaba oculto detrás de uno de André Masson (cuñado de Lacan, a todo ésto), que venía siendo una versión suavizada del original. 

Este es el cuadro de Masson tras el que se ocultaba el original

Cuando Lacan murió en 1981, tenía bastantes deudas con el Estado Francés, que fueron perdonadas a cambio de que donase el cuadro, para su exposición en el Museo de Orsay, que no ocurrió hasta el 1995, siendo el cuadro que más reproducciones vende en la tienda del museo sólo por detrás de Le Moulin de la Galette, de Renoir. Y en este sinuoso trayecto son muchas las personalidades de los dos últimos siglos que aparecen vinculadas al cuadro, impresionadas, alarmadas y siempre, secreta o abiertamente, cautivadas: Gautier, Sainte-Beuve, Goncourt, Marguerite Duras, Claude Lévi-Strauss, René Magritte...

Como curiosidad, decir que sólo un año antes, a unos editores se les ocurrió utilizar tal cuadro para la portada de una novela de Jacques Henric, "Adoraciones perpetuas", y todos los ejemplares fueron secuestrados de las librerías. Bueno, y eso no es todo, hace un par de años cerraron el perfil de facebook de un francés que colgó una foto del cuadro en su muro.

7 comentarios:

Manderly dijo...

Bueno, para el siglo XIX eran obras muy atrevidas... recordemos que las mujeres no enseñaban ni los tobillos!! Aunque por lo que cuentas, a día de hoy sigue escandalizando... ¡ay!
Al margen del escándalo o te gusta o no su pintura y sobre gustos ya se sabe...
No es de los que más me gustan.
Saludos.

WOLFVILLE dijo...


Muy interesante la reflexión. Yo soy de los que opinan eso mismo, que si el arte no te conmueve -hablo en general, no solo pintura-, incluyendo el cabreo como emoción a desatar, normalmente no vale la pena. La máxima del señor Courbet sería totalmente adoptable. De hecho yo espero, el día que me dedique en serio a lo de la escritura, conseguir ese equilibrio perfecto entre ganas de tocar las narices y buen gusto, sin caer en la chabacanería que solo asquea y no transgrede. Courbet lo consiguió.

Anónimo dijo...

Si la modelo del cuadro fuese, como aquí se afirma, Joanna Hifferman, yo me pregunto ¿no sería su vello púbico color cobrizo?

Moniruki dijo...

Puede que tuviera unos reflejos cobrizos que no se advierten. O a lo mejor se teñía, ¿alguien sabe si en esa época ya se usaba tinte?

TRoyaNa dijo...


Me ha llamado mucho la atención eso de de que el cuadro estuviera escondido tras una cortina y sólo se mostrara en determinadas ocasiones...y también lo de facebook,aunque en esta red social también llegó a mis oídos que se había censurado una imagen de un pecho lactante por el que salía leche materna.....no comprendo cómo se puede censurar algo tan natural...

Nit dijo...

Que interesante la historia! no la conocía; y es cierto que choca verlo en vivo, yo aún recuerdo que me emocionó hace años verlo en el Museo de Orsay en directo... y con lo pequeñito que es, es el cuadro que más recuerdo de esa visita!

(un saludo!)

Roy Bean dijo...

Muy interesante moni. Te dejo un enlace a ver si te gusta:
http://www.artnotart.com/fluxus/skubota-vaginapainting.html

Saludos
Roy