jueves, 16 de febrero de 2012

Par de botas

"Par de botas", Vincent Van Gogh, 1886

“Hay mucha gente para quien las palabras no son nada. Sin embargo, ¿no crees que es tan interesante y complicado decir algo bien como pintarlo?“
Vincent van Gogh a Emile Bernard, 19 de abril de 1888
No sé vosotros, pero yo en este cuadro veo un autorretrato de Van Gogh. Estas botas tienen una historia y esta historia la conocemos gracias a Paul Gauguin que compartió una habitación con Vincent en Arles allá por 1888. Nos cuenta que en el estudio había un par de botas claveteadas llenas de barro de las que hizo una notable pintura. Iintrigado por la razón para guardar semejante pingajo se atrevió a preguntárselo un día. Entonces Vincent le contó la historia de ese par de zapatos.

“Mi padre era pastor, con lo cual estudié teología. Una mañana, sin decir nada a nadie, marché a Bélgica, siendo muy joven, dispuesto a predicar el evangelio en las fábricas, pero no como me enseñaron sino como yo lo entendía, pues creo que Jesús ama a los pobres. Esas botas soportaron muy bien el viaje.”

Pero hay más, según cuenta Gauguin (que lo tacha de loco), mientras Vincent predicaba a los mineros de Borinage, hubo una explosión de grisú, cuya víctima, dado el grado de quemaduras y mutilación que tenía, fue desahuciado por el médico que llegó a decir que sólo un milagro podría salvarlo. Vincent se entregó a su cuidado con toda su alma, permaneció con él durante cuarenta días, atendiéndole con tanto cuidado que le salvo la vida.

Las cicatrices del rostro de ese hombre, resucitado por el milagro del cuidado, se le aparecieron a Vincent como las cicatrices de una corona de espinas, por lo que tuvo la visión de la corona de espinas del Cristo resucitado. Este era el auténtico motivo por el que todavía no se había desprendido del par de botas (cual reliquia) que llevaba cuando tuvo esa visión. Las botas en las que Vincent hizo resucitar a Jesús, el Jesús que mora en lo más profundo de cada uno.

Gauguin termina el relato diciendo: “Y Vincent tomó de nuevo su pincel y, silenciosamente, se puso a trabajar. Junto a él había un lienzo blanco. Y cuando comencé su retrato, yo mismo tuve la visión de Jesús predicando amorosa y humildemente.”

"Van Gogh pintando girasoles", Gauguin, 1988

5 comentarios:

Juanjo Ramírez dijo...

Una anécdota que no conocía de mi pintor favorito. ¡¡ME HA ENCANTADO!!

Moniruki dijo...

Esta es una de mis obras favoritas de Vang Gogh y me parecía interesante comentar esta historia.

Roy Bean dijo...

Fantástico moni, una de las obras mas desconocidas de Vincent, y la historia interesante.Ahora voy a contarte yo una anécdota, Vangogh estaba en Arles como paso previo a un viaje a Japón, había quedado impresionado con la pintura y los grabados Nipones en las exposiciones universales, y había decidido marcharse allí, pero ya sabemos lo que pasó. Quizás fuera una utopía, quién sabe, pero es que lo he leido en más de un libro.

Saludosl
Roy

WOLFVILLE dijo...

Y menos mal que la has contado. Así da gusto visitar blogs. De diez.

La oveja roja dijo...

Muy bueno el artículo, muy entretenido, Vicent siempre a sido un modelo de autenticidad y de honestidad con uno mismo.